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Una vez fui a una nave industrial a las afueras de Madrid donde se organizaba una venta privada de una gran marca. Allí encontré decenas de miles de prendas de gran calidad en liquidación. Algunas valían hasta 800€ en el mercado, y se vendían a 50€. Eran prendas de temporadas anteriores, en perfecto estado, que la empresa había fabricado y como no tenía cómo darles salida, se vendían de vez en cuando a los propios empleados. Pensé en cuántos recursos se habían malgastado para crear esas prendas que languidecían a las afueras en un polígono industrial.
Trabajo ayudando a marcas de moda a gestionar sus excedentes de stock. A veces, para poder analizar un proyecto, nos han compartido su inventario de prendas sobrantes. Es ahí donde la realidad deja de ser una cifra en un informe. Ves miles de prendas acumuladas. Productos que llevan dos, tres o incluso más años almacenados. Referencias de las que quedan cientos de unidades porque nunca funcionaron. En algunos casos, el valor de ese stock representa una parte muy importante de la facturación anual de la empresa. Lo que más me sorprende no es que exista ese excedente, sino la urgencia con la que muchas veces se busca una solución: rápida, barata y que haga desaparecer el problema cuanto antes. Detrás de cada línea de ese Excel hay tejido, agua, energía, transporte, trabajo... y una oportunidad perdida de haber gestionado ese inventario mucho antes.
Trabajo en una gran empresa de moda y cada campaña, sin excepción, tenemos cientos de miles, incluso millones, de unidades que sobran y que se almacenarán o se devolverán para entrar en el circuito de outlets al año siguiente. Entonces, volveremos a empezar la rueda, que acaba igual cada seis meses... ¿es de verdad necesario?
Esta semana he estado en una auditoría en un gestor de residuos y sorpresa: me he encontrado con un contenedor entero de calzado nuevo. Empaquetado, con su etiqueta de precio, para triturar. Me comenta el gestor que ese es uno de 7 contenedores de la misma empresa, todos destinados a la trituradora. La reflexión es que esos 7 contenedores han consumido materia, energía, productos químicos y tiempo — de personas trabajando a saber en qué condiciones, porque puedo asegurar que no se han fabricado en Europa. Una muestra más de los excedentes. Podríamos hablar también de prendas que seguimos produciendo y que acaban destruidas o en vertedero.